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Zoé Despegó en el 4th and B Correo electrónico
Escrito por Alicia González , Lunes 07 de Noviembre de 2011 23:54   


El viaje espacial por el horizonte de la música comenzó a las nueve y media nocturnas del decimo día de septiembre, con la interpretación rockera y alternativa del excelente grupo Hello SeaHorse! para abrir telón al quinteto mexicano proveniente de la ciudad de México, Zoé, que se hizo presente en el 4th and B de San Diego para consentir a sus rocanlovers de allá y de acá. Las vibraciones metálicas de la guitarra acompasaron la pureza lanzada en voz de Lo Blondo (Denise Gutiérrez) quien desprendía de su boca ecos salvadores de almas sin pena, y desobedecía con total indisciplina el mensaje tatuado en su brazo izquierdo; silencio.  Tras la melódica e intensa presentación de los representantes de la especie marina, siguió el turno de los protagonistas de la noche que apenas comenzaba, Zoé. Cerca de las once, los gritos en la oscuridad hicieron temblar la estación musical. La pared tatuada de color sangre se iluminaba y jugaba con la luz blanca, encendida y a ratos apagada, como si se durmiera y despertara a la vez. A punto de despegar el cohete sonoro, comenzó a escucharse: memo rex, aplasta el tiempo con su grávida fuerza, renuncio a todo menos a morir, sin siquiera haberlo intentado, memo rex y la ovación de los escuchas se hizo presente atronadoramente, sin que repararan en el predominio de la música sobre la voz.

 

Concluido el despegue, León Larregui agradeció al público por asistir, en especial a los que aguantaron la tiranía fronteriza y las largas filas por deleitar un rato los sentidos al otro lado del bordo.  Entonces, la nave musical abandonó la atmósfera de la espera para estar más cerca de su público al son de: Últimos días, Vinyl, Vía Láctea, Sombras, y Miss Nistro.  Puntos verdes y rojos danzaban en cada centímetro del exterior rítmico bajo el amparo del mítico Jack Daniel’s que vigilaba que los rockanlovers bebieran sus pócimas responsablemente. Mientras Corazón Atómico tripulaba el recorrido sideral, miles de fanáticos formaron una línea diagonal apuntando sus flashazos hacia los músicos, como si fuera un duelo con un público mayormente inmóvil, interesado en captar el instante decisivo –como diría Henry Cartier Bresson – y atento a las ejecuciones, como en un letargo causado por el sosiego hechizante de sus melodías. El viaje sufrió turbulencias al grito de Nada, el cielo se puso verde y el vocalista aprovechó para despojarse de la chamarra café que cubría su anatomía, provocando algunos gritos femeninos en la sala. El pedestal fue estirado con el micrófono para estrenar un nuevo coro: el de los lovers y su rockanrol que estremecieron a los presentes.

Luego las manos de Sergio Acosta, cepillaron con fuerza las cuerdas de la lira al son de Miel y Dead, siguiendo los misteriosos pasos que brotaban del teclado, teniendo como testigos inmóviles y regodeantes al Joker, Superman, Gatubela y la Princesa Leia, estampados en la pared a los que les dedicaron simbólicamente una y otra canción. De pronto el equipo espacial cambió en el escenario. Aparecieron algunas sillas de madera sin respaldo, guitarras acústicas y luces blancas, que acompañaron a León, Ángel y Sergio al llamado estelar de  Poly love, la chica ideal y dulce perla blanca mexicana que amaban y nunca pudieron amar, pero que tenían frente a ellos en forma masiva en cada una de sus fans. Un encendido Love, love, love, cerró esa evocación al amor imposible.  

Vino un silencio, y apareció entre las alas de su voz Lo Blondo para suplicarle a la Luna que no la abandonara más, adormeciendo sus angustias con el timbre punzante de su garganta.  Música y canto se ecualizaron con más fuerza e intensidad.  Entre la gente un poster fue alzado por unos brazos anónimos que mostraba a una niña de ojos dorados ocultándose en una manzana que anunciaba Zoé US Tour 2011. La media noche estaba por llegar y los sonidos cambiaban, León se apoyó en un megáfono para reforzar la cuenta regresiva y arribar al destino final del viaje transcurrido por hora y media con los desquicios de Te soñé y no me destruyas, poniéndole sonido al vapor azulado que se desprendía ahora atrás del canto galáctico. Pero aunque los viajantes no querían bajarse de la nave de Zoé, ya era tiempo, así que entre aplausos y gritos aterrizaron en la realidad, del cielo al suelo del 4th & B. Vía láctea en una versión de cumbia rockalternativa, despidió la noche con una sesión de gaitas, flautas de millo y tambores retumbando sobre las latas de veneno etílico, los popotes libres de vasos y las botellas de agua que yacían abandonadas a los pies de los viajantes que veían como los generadores del trip cósmico musical se perdían tras las luces azulosas y blanquecinas, mientras que la última canción de la noche se iba desvaneciendo.  

*Agradecemos a 4th & B y a Black Cherry por todas sus atenciones.

 

Fotos Verónica Astengo

 


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